En el supuesto de que acepte que mi activismo ateo pueda ser equiparado al activismo religioso de los teístas, el agravio sería aun mayor, si cabe, pues, ante los discursos improbables de estos, nadie opone resistencia alguna, incluso se cae en la consideración de sus argumentos sin valorar todo lo falaz de los mismos y, en cambio, ante mi exposición de los hechos para los que me apoyo en las demostraciones que la ciencia se ha ocupado de investigar previamente, por lo general, se me suele manifestar rechazo y desaprobación por mi postura, si bien es cierto que, muchas veces, es por temor a que un rayo me fulmine que por ser capaces de rebatir lo evidente.

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