Habéis extendido la ideología más allá del propósito económico y la única consecuencia es la acomodación de los pensamientos a simples etiquetas. He de decíroslo, aun consciente de que no bastarán sólo mis palabras para que os acerquéis a entender lo que os trato de enseñar; como con el resto de estudios, es necesaria la voluntad de practicar ese pensamiento o, al menos, intentarlo.
Para ayudaros, diré más. Ese concepto que se os escapa de la izquierda es como el universo. No existe el extremo, es infinito, sólo está lo desconocido, lo inexplorado, y quienes lo defienden tan sólo presentan el grado de superación de las contradicciones innatas del ser humano que hayan sido capaces de superar, unas personas más que otras.
En las cuestiones que no son puramente económicas, la ignorancia se ha levantado en armas y, bajo el amparo del derecho de opinión y expresión, ha invadido los campos naturales de la naturaleza, imponiendo su ceguera con maldad sobre el derecho de las personas a ser quienes y como quieren ser, a cegar horizontes con trapos ondeando, a considerarse, por ello, superiores olvidando lo osada que es la ignorancia y las trabas que eso supone para una verdadera igualdad.
He de deciros, mentes limitadas, que para enriquecerse y dormir en paz hay que invertir en mejorar vuestro ecosistema y que en la diversidad radica el secreto del éxito.
